lunes, 5 de junio de 2017

LA CLASE


Una película hiperrealista, con profundos valores y ninguna superioridad moral. Una película de denuncia que acusa poco y se avergüenza de mucho.

Análisis del argumento

Una Francia convulsa 

La película “La clase” nace de la novela homónima de François Bégadeau, y relata la vida de unos niños en un colegio público de las barriadas de París a través de las clases de Francés y lo que la actitud de un profesor diferente a los demás (el señor Marín) puede cambiar en sus vidas. 

En Octubre de 2005, unos adolescentes de una minoría étnica y de bajos ingresos de la periferia de París sufrieron un shock eléctrico al colarse en un transformador para huir de la policía. Al saberse la noticia, jóvenes de los distritos periféricos de París se levantaron y durante casi un mes hubo constantes disturbios y enfrentamientos entre estos jóvenes y la policía que se contaron cientos de vidas y numerosos daños materiales fruto de la violencia y de los numerosos incendios. Los jóvenes sublevados achacaban la muerte de los adolescentes al racismo y protestaban por el desinterés de la sociedad ante una realidad injusta en la que a las personas que viven con pocos recursos en la periferia, muchos de ellos inmigrantes, en el mejor de los casos se les ignora y en el peor se les trata con violencia y sin asomo de igualdad. 

Apenas un año después de estos sucesos aparece la novela “Entre les murs”, escrita por François Bégadeau, una novela con tintes autobiográficos, pero sin centrarse en el personaje principal, un profesor en un instituto de los suburbios de París, sino más bien en lo que ocurre a su alrededor y lo que él hace para influir en ello. Y dos años después se estrena el film, dirigido por Laurent Cantent, cuyo cine destaca por su acentuado contenido social. 


Una denuncia pausada 

La filmografía del autor está caracterizada, precisamente, por esa conciencia social, aunque no moralista en la que denuncia los problemas evidentes a simple vista, pero que la sociedad pasa por alto como si no existieran, sin ofrecer a ellos una solución. Simplemente denunciando el problema real que existe, mostrando la realidad tal como es para que se haga evidente y nadie pueda ignorarla. Sin pretensiones de salvador, sin lecciones de superioridad moral, sin contar su versión de lo que ocurre, simplemente, reflejando lo que hay. No pretende dar las respuestas sino suscitar las preguntas. 

Con la intención de plasmar esa objetividad, esa sensación de realidad, elabora un filme que más parece una ventana a la vida de un grupo de adolescentes que una elaboración de ficción con ensayos, planificación y guiones preparados. Parece, simplemente que te permitan observar la realidad, como si fueras un intruso, para que comprendas lo que hay. 

Para lograr esta sensación, casi de documental, utiliza cuatro herramientas fundamentales. En primer lugar la cámara, despoja las imágenes de la sensación artística, sin efectos, sin retoques, sin movimientos complicados, sin planos innecesarios, como si grabara algo que simplemente está ocurriendo y no pudiera planificarse. En segundo lugar está el sonido, al carecer de banda sonora, da la sensación, al igual que la cámara, de que simplemente está captando lo que está ocurriendo, que no pretende hacernos sentir de una forma concreta (capacidad que posee una banda sonora) sino que simplemente pretende hacernos mirar una realidad que existiría la grabara él o no. 

La carencia de adornos y artificios es el principal motivo por el que consigue esa sensación de documental, pero no es el único, la elección de reparto y localización destaca, precisamente por la búsqueda de la veracidad. Escogió como protagonista (Señor Marín) al propio autor de la novela original, que no solo conocía el argumento, sino que al ser profesor, conocía la labor docente, y conocía a los adolescentes que vivían esa realidad. Pero la cosa no acaba ahí, los jóvenes también eran elegidos de entre los propios alumnos del instituto e instruidos en clases de interpretación para poder actuar en la película. La mayor parte de los personajes, conservan el nombre del actor, para ayudar a una respuesta natural y durante el rodaje se promovió el aportar la propia personalidad al personaje, de forma que todo ocurriera, más o menos, como se podría haber desarrollado en una clase normal. Para facilitar también esta transición a los actores, y para dotar de mayor realismo aún a la película se utiliza como único escenario el propio instituto en el que se desarrolla la acción, en el que da clases el autor de la novela y en el que estudian los niños que actúan. De forma, que a pesar de tener un guión preparado, la acción consiste en un profesor real, dando clase a sus verdaderos alumnos en el instituto en el que están acostumbrados a estudiar y llamándolos por sus nombres. 

De forma que con estos cuatro elementos (la cámara, el sonido, el reparto y el escenario) Laurent Cantent consigue aportar esa sensación de documental a un filme de ficción, logrando transmitir la sensación de un problema real, que de haberse hecho de otra forma (con actores profesionales, en un escenario especialmente preparado, con banda sonora y juegos de cámara, más parecería una historia emotiva que archivar y olvidar, que una denuncia social. 


Una realidad ineludible 


La película es, de forma muy evidente, una denuncia al sistema educativo. Un sistema educativo en el que los jóvenes no aprenden y los profesores no enseñan, porque esa forma de actuar es la más cómoda para todos. Profesores, cuya reacción ante un chico problemático es echarlo y desentenderse, profesores que entienden de castigo pero no de motivación. Un sistema educativo en que unos profesores de instituto de un barrio marginal creen firmemente que su trabajo es aparecer a su hora, decir lo que han preparado sobre su asignatura e irse, y si algún alumno les impide hacerlo con comodidad, simplemente le sancionan, o incluso le expulsan. Ignorando por completo la posibilidad de ayudarles a enfrentar sus dificultades, creyendo que su trabajo no va más allá de impartir conocimientos, que no es asunto suyo ayudar a esos chicos a convertirse en quienes van a ser. Profesores más preocupados por el precio del café que por sus alumnos. Pero el problema no termina ahí, cuando aparece un profesor que sí que entiende su profesión como algo más que repetidor de datos ante una audiencia más joven, que está dispuesto a entregar a los demás parte de sí mismo para sacar lo mejor de ellos, que busca más enseñarles a crecer y a vivir, a aspirar a más, a conocerse, a superarse, este profesor no es reconocido entre los demás profesores como un héroe, sino más bien como un iluso, como alguien que no sabe lo que se hace y que ya se estrellará contra la realidad. Pero tampoco los alumnos aprecian a priori la diferencia como algo positivo, sino que piensan, en repetidas ocasiones, que se está burlando de ellos. 

No es de extrañar que escojan precisamente Francés (Lenguaje) como la asignatura que imparte el señor Marín. Pues es precisamente el lenguaje lo que nos permite avanzar, es la herramienta fundamental del ser humano. Con el lenguaje podemos relacionarnos con nuestro entorno, podemos conocer quiénes somos y expresarlo. El lenguaje va mucho más allá de códigos y palabras, mucho más allá de sintaxis y de habla. Cualquier forma de expresión es un lenguaje, y estos jóvenes necesitan obtener esa autonomía, es seguridad, esas vías de creación y crecimiento. 


Pero aun así no todo es perfecto en la clase del profesor Marín, su forma de hacer las cosas, de no dejarlo todo correr, de presionar hasta sacar de los alumnos resultados y avances enfurece a algunos, y ofende a otros, que solo esperan que todo siga como está. Pero no es solo eso, por muchos esfuerzos que una persona haga, para cambiar el sistema educativo, hace falta un cambio global, un cambio de mentalidad en profesores, padres y alumnos que entiendan la enseñanza y la educación como un todo inseparable, que vean y compartan la educación en valores y que luchen por ella. Y para ejemplificar este detalle, para mostrar este problema, y dejar claro que un buen profesor, aislado en un sistema educativo que no avanza no es una solución en sí mismo, sino un pasito, al final de curso, cuando finaliza un año en apariencia estupendo, que ha cambiado las vidas de los niños, se le acerca una de las chicas y le dice “yo no he aprendido nada”. 



Pero la crítica a la educación es solo la superficie, por detrás de ella, se muestra una sociedad con tantas lagunas que casi cuesta verla en su conjunto, la indiferencia, el elitismo, el racismo, la falta de fe. Y todas ellas mostradas con una naturalidad que es más dolorosa aún que la crueldad. El señor Marín, de forma inconsciente, elije siempre “nombres de blancos”, sin pensar siquiera en la diversidad racial con la que convive. Los profesores discuten sobre el precio del café cuando hay alumnos que los necesitan, expulsan a un alumno porque ha actuado mal, sin pensar en lo que le esperará después, mientras que luchan porque otro se quede porque es más tranquilo y obtiene mejores calificaciones. Y todo esto es mostrado como un acto natural, sin deleitarse en él, sin centrarse en la injusticia ni el sufrimiento, y de alguna forma, esa aparente normalidad remueve más la conciencia que la escena más desgarradora, porque esa indiferencia es nuestra indiferencia del día a día. Porque esos profesores que abandonan al que da problemas y solo se preocupan de sí mismos somos nosotros, cada una de las personas que han podido mirar a los problemas de otros de frente y sin embargo hemos decidido apartar la mirada y seguir con nuestras vidas. 


En conclusión, esta película, en apariencia simple y carente de argumento, a primera vista casi tonta, es un mensaje, ineludible y claro para todo aquel que lo mire, quiera verlo o no. Y no solo sobre la educación o la juventud, ni siquiera sobre el racismo, sino sobre la indiferencia, y sobre actuar para cambiar el mundo. Sin recetas, sin caminos claros, simplemente de concienciación, de necesidad de cambio.

Ficha técnica y artística

Título: La Clase
Título original: Entre les murs
Dirección: Laurent Cantet
País: Francia
Año: 2008
Duración: 128 min.

Género: Drama

Productora: Haut et Court

Frases célebres


"Lo que veo es que antes de estudiar un tema ya me estáis diciendo que no sirve para nada. Empezar por dominarlo y después podréis cuestionar su utilidad."

"A veces hace o dice cosas que están muy bien."

"Creo que se está usted pasando un huevo"

Si la vuelves a ver fíjate en...

... las reacciones y actuaciones tan naturales.

Si te gustó "La Clase" te gustará...

... "Recursos Humanos", del mismo director y con otro gran mensaje.

Calificación: 5/10

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